martes, 6 de julio de 2010

Coca-Cola

Ufff...creo que subo demasiadas entradas xD No sé, derrepente viene la diosa inspiración y tengo que escribir. Bueno, hoy casi todo diálogo, que suele ser lo que peor se me da y que creo que esta vez me ha salido bien jaja. Juzgar vosotros.


   
...





-¿Y bien? –preguntó con un tono de voz que rozaba la desesperación. Sus ojos azules se clavaban en mí, incrédulos, y una ceja alzaba le otorgaba una pinta más bien cómica.


-¿Qué? – fingiendo todo lo bien que sabía, me apetecía exasperarlo un poco más.


Se pasó la mano por la frente, buscando una paciencia que solía ser esquiva en él. Me miró unos segundos y repitió el gesto. Hasta que no pude aguantar más y una risita se escapó de entre mis dientes.


-Marc, te lo advierto, no juegues con esto –me dijo, amenazador- ¿Quieres la jodida pastilla o no?


-Depende.- y callé, divertido con la situación.


-¡¿De qué?!...Oh, Dios…- aquella inesperada subida de tono me hizo dar un respingo. Mi tío había vuelto a cubrir su rostro, esta vez con las dos manos, y expulsaba aire ruidosamente por la boca.


Vale, sí, quizás me estaba pasando de la raya, ¿pero qué esperaba él? Si apenas tengo dieciséis años…


-De…de los efectos secundarios…- fue un susurro casi inaudible. Intentando por todos los medios acabar con su repentino mal humor.


Me miró, fingiendo calma a la vez que intentaba improvisar una buena respuesta. Me esforcé por transmitirle en silencio que la broma había acabado, y que me tomaría las cosas como tanto me decían, como un detestable adulto. Pareció captar la idea. Pero un extraño brillo se asomó en sus ojos.


-No conozco los efectos secundarios que tiene esta maldita droga, ¿sabes? No soy un médico, y sin embargo, mira por donde, puedo decirte los “efectos secundarios” que tendrán estas pastillas si haces la puta gracia de no tomártelas… ¿quieres saberlos? ¿Eh? ¿¡Quieres saberlos!? – mi cuerpo temblaba, empezaba a notar los ojos húmedos. No, no era el momento ni el lugar adecuado para ponerme a llorar.


Negué con la cabeza, lentamente, sin atreverme a levantar la mirada de la funda nórdica de mi cama.


-…Yo te los diré-siguió, ignorando mi respuesta- Cómo no te tragues esta jodida mierda- sacudiendo ruidosamente el botecito blanco delante de mi cara-, tendrás la muerte más asquerosamente dolorosa que un estúpido niñato como tú pueda imaginar. ¿Me has escuchado?


Claro que lo había escuchado, claro que sabía a la perfección todo lo que esa persona totalmente desconocida para mí me decía. Me negaba a aceptarlo. Era eso. YO era eso.


Solamente un estúpido niñato.


No entendí su abrazo. No hasta que no me percaté de las lágrimas que mojaban su suéter, claramente mías. Me costaba respirar, y ni por un momento se me ocurrió corresponderle el gesto. Era como si el que estuviera enfermo fuera él… ¡Joder ya! ¡Era yo! ¡Yo era el que se moría a cada día que pasaba! ¿Por qué, entonces, tendría que consolarle?


Si tan solo ellos estuvieran aquí… Si estos brazos que me rodeaban fueran los de mis padres, y las lágrimas que empezaba a notar en mi hombro también fueran suyas…


Ellos ya no estaban.


Y no volverían. Y yo me moría. Y no me daba la gana drogarme para atrasar una muerte segura. Y este sujeto, el hermano de mi querida madre, intentaba por todos los medios que cambiara de opinión.


Pero lo peor, sin duda alguna, es que tenía la premonición de que acabaría convenciéndome.


Y yo lo único que quería era una maldita Coca-cola y dormir.
...
(No toméis Coca-Cola, niños xDDD, emplead vuestro valioso tiempo en comentar... :3)

lunes, 5 de julio de 2010

¿Por qué siempre son 400 palabras? xD

Otra vez me vuelven a salir 400 palabras...no sé, ese número me tiene manía, o algo xD
Bueno, pido que se lea esto leeeentamente, sin prisas xD Gracias! -^^-


...


Mirando el amanecer. Mirando el amanecer como si quisiera fusionarse con la fina línea, aquella que separaba al naciente astro del tierno mar.
Mirando el amanecer con la nostalgia que solo es capaz de provocar una despedida.
 Mientras lo hacía, lloró. Un gran lagrimón resbaló por su mejilla, dejándole vía libre a otros que no tardaron en seguirle. No se molestó en secarlos, era increíblemente placentera la brisa marina cuando chocaba contra el rastro de agua.
Oh, el Sol, estaba tan hermoso esa mañana. Tan amable al dejarse contemplar sin dañar con ello sus ojos. Tan blanco, tan limpio… Quiso ser el Sol. Sintió la necesidad de subir y olvidarse de todo.
Unos pasos retumbaron en la madera del muelle. Alguien se acercaba, y él sabía perfectamente de quien se trataba. No sé movió, únicamente cerró los ojos y lanzó una piedra al sereno mar, que contra todo pronóstico se hundió sin ni siquiera revotar. Esperó paciente hasta que los pasos cesaron detrás de él. Entonces lanzó otra piedra.
-Sabía que estarías aquí.
-…
Unos incómodos segundos de silencio siguieron a la confirmación. El pelinegro asumió que no obtendría respuesta, y se sentó con prudencia en el borde del muelle, a la derecha del otro. Los pies colgando con un leve ir y venir.
-No lo hagas.- dijo el castaño, por sorpresa. Interrumpiendo el transcurso del amanecer.
-¿El qué?- obtuvo como única respuesta.
-No te vayas.- sonó como un susurro, como si se avergonzara de lo inútiles y ridículas que sonaban esas palabras de su boca.
-…- miró al agua, miró a sus pies, que había adoptado un ritmo más frenético. Apretó el borde del muelle con las manos, sintiendo la intrusión de algunas astillas en su piel. No le entendía. Como si las palabras que decía no tuvieran sentido.- No sé a qué viene esto ahora.- declaró sincero.
Más silencio. Las palabras que el castaño quería decir quedaron suspendidas en el aire, flotando sin rumbo.
-Lo sé…Y sé que te echaré de menos.- confesó, después de pensarse lo último.
El pelinegro cerró los ojos débilmente, y así, sin más, se dejó caer al mar. Era tan cobarde aquel acto infantil. Huir, huir de los días, de la mejor semana de su vida, huir de los besos, de las caricias…huir de él.
Mientras, el castaño, experimentó el peor dolor, como un afilado crash, viendo como ese dependiente y bipolar pecoso se alejaba a nado. Dejando una turbia estera en el mar. Perturbando la paz que tanto ansiaba. Ese amargo sabor que le dejó impregnado cuando salió y le besó. Sabor a mar, sabor a amanecer, sabor a despedida.
Y fue mirando el amanecer cuando todo acabó.
 ...
(Se agradecen coments -^^-)